Texts
Sandra Ramos

Quick Search

La Galería Casas Riegner acoge la primera exposición personal en Miami de quien es considerada una de las artistas plásticas más relevantes de las últimas promociones.

"Mi trabajo reciente aborda la representación imaginaria de un mundo acuático. En él he comenzado a utilizar nuevos materiales como agua, peces, arena, etc. Es como otra isla debajo del agua, creada después de la experiencia de los balseros: un mundo nuevo, artificial, definido por la imposibilidad de cambiar la realidad humana. En estos trabajos la especulación filosófica se basa en el origen del hombre y la humanidad en el agua primaria, descrito por Tales de Mileto, y en la idea de Heráclito del río que siempre fluye. El agua es vista como un elemento natural, que determina el destino de mi país, una tormenta que nos brinda la vida y la muerte".

Así explica la última etapa de su trabajo la artista plástica Sandra Ramos (La Habana, 1969), cuya primera muestra personal en Miami, La herencia del pez, puede ser visitada hasta el 21 de junio en la Galería Casas Riegner (25 NE 39th Street, Miami Design District). Se recogen allí trece piezas, que incluyen dibujos e instalaciones multimedia. A través de ellas, Ramos continúa la reflexión sobre la realidad cubana contemporánea que inició en la primera mitad de la década de los noventa, y que se materializó en exposiciones como Manera de matar las soledades (1993), Criaturas de isla (1995), Autorreconocimiento del pez (1997), Inmersiones y enterramientos (1999), y Espejismos (2002). Esas obras la han situado entre las figuras más relevantes de las últimas promociones dadas a conocer en la Isla y le han valido el que se hayan expuesto en países como México, Alemania, Japón, Holanda, Suiza, Estados Unidos, Inglaterra, España, Venezuela, Francia y Canadá.

La representación del mundo acuático que según Ramos ocupa un espacio significativo en sus últimos trabajos, se aprecia muy bien en la mayoría de las piezas expuestas en Casas Riegner. Están, en primer lugar, los dibujos que componen la serie Acuarios (1998), en los que se ven unas peceras dentro de las cuales nadan unos especimenes de rasgos insólitos: un bebé cuyo cuerpo está embutido en la concha de un caracol, una estrella de mar con ojos y brazos, un pez con piernas y rostro humanos. Está asimismo ¿Por qué se parecen tanto la lluvia y el llanto? (1999), una instalación de grandes dimensiones que ocupa la zona central de la galería. Está hecha con varias decenas de botellas con agua, unas apoyadas en el suelo, otras colgando del techo.

También remite al agua Autorreconocimiento del pez (1997), una figura femenina creada con espejos. Sus extremidades son peceras en cuyo interior, en lugar de peces, hay muebles plásticos de color gris, similares a los que usan las niñas cuando juegan a las casitas. Al igual que en otras obras como Los ciclos del agua (1998) e Isla (2003), Sandra Ramos incorpora allí su propio rostro, un recurso que no obedece a un afán narcisista de tomarse a sí misma como modelo, sino a la voluntad de fundir su drama privado con el de la Isla. En este sentido, el crítico Gerardo Mosquera señala que Ramos es "una de las artistas que entrega su biografía, sus sentimientos más íntimos y su propio cuerpo para discutir problemas sociales, políticos y culturales". Y agrega que usa el autorretrato "para personificar a la Isla, estableciendo un paralelo entre su situación personal con la que sufre su propio país".