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Sandra Ramos

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Sandra Ramos nos ha hablado del tema de la insularidad desde la perspectiva del sujeto-isla, muchas veces encauzada en su propia imagen o el alter-ego de una niña. Escenas que también indagaban en torno a la soledad, al aislamiento y al temor frente a la intrascendencia y el olvido, y que nos remitían a una obsesión: la idea del viaje como movimiento, desplazamiento sin salirse de los límites de la tierra natal, en este caso la Isla, o como naufragio desde tu propia orilla. Sandra (o su alter ego) se reconocían en los sueños del niño, en los proyectos a ratos inalcanzables del ser humano adulto, o en las frustraciones de la vejez.

Voz de una identidad individual y colectiva que teme no realizarse, estudió los conflictos sociales de la isla-nación en obras como Lección de historia, Mi diaria vocación de suicida, Los problemas del peso, La maldita circunstancia del agua por todas partes, La balsa, entre otras… . Así mismo, reconstruyó imágenes asociadas a la sublimación de objetos que representan confort o un determinado status social para su instalación Espejismos, donde nos mostraba esa contradicción insalvable entre lo material y su falta de perdurabilidad, su carácter efímero. Es este mismo espíritu el que animó su video-instalación dedicado a las promesas y liturgias de los devotos de San Lázaro donde hablaba también de la evanescencia de determinados sueños y aspiraciones frente a la materialidad, rigor y la austeridad que representa el sacrificio.

La artista asociaba estos procesos con estados mentales que podían o no desembocar en algún punto. Es por ello que tiende a representarlos en imágenes relativas al vuelo, a las inmersiones, a la muerte, o a la trascendencia. Situaciones asociadas todas al deseo y al acto final de la posesión.

Si intentáramos establecer una genealogía respecto a estos antecedentes Lecciones oscuras –su nueva serie– nos presenta un entorno visual a un tiempo extraño y propio; como quien observa sin poder dar crédito de lo que sus ojos ven, ó simplemente, como quien transita por otros niveles de realidad en un estado como de vigilia. Las obras se han vuelto menos explícitas, y un poco misteriosas. El silencio se ha convertido en su divisa; pero una buena parte del silencio desde el cual se nos habla emerge de la sincronía de diferentes recursos para enfatizar los diferentes planos de realidad.

Como quiera que el narrador omnisciente -en este caso la niña- , presente o no, es quien establece el hilo conductor y hasta el punto de vista en lo narrado, estos destellos de historias los presiento muy cercanos a la literatura, y en particular a viejas historias que hoy conforman el cuerpo de la literatura clásica infantil y juvenil. Textos como Robinson Crusoe (Daniel Defoe, 1719), Los viajes de Gulliver (Jonathan Swift, 1726), Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carrol, 1865), Veinte mil leguas de viaje submarino (Julio Verne, 1870) Peter Pan (James M. Barrie, 1904) ó El principito (Antoine de Saint-Exupéry, 1943) constituyen referentes literarios y gráficos evocados en la construcción de los diferentes enunciados.

No se trata, como podrá apreciar el espectador, de un vínculo directo, sino el desarrollo de una metodología cuyo discurso se construye en el hipertexto, a partir de citas de otros textos de carácter histórico, literario y gráficos. No sólo los personajes y sucesos históricos aparecieron una y otra vez en la obra de Sandra, también sus referencias a poetas cubanos como Virgilio Piñeira, o a la historia gráfica de la nación cubana en “apropiaciones” de personajes como Liborio (Torriente), El Bobo (Abela) ó El Loquito (Nuez). Esta misma cualidad es la que llevada ahora al plano de la representación digital, nos emplaza ante una nueva variante y múltiples niveles de acercamiento, y las lecturas del “hipertexto visual” se orientan desde diferentes perspectivas.

Su evolución como artista desde las técnicas del grabado hacia otros métodos y recursos expresivos es lo que la devuelven al uso original de éste en la ilustración de textos literarios. Si bien las ilustraciones (representaciones de escenas, personajes, objetos o semblanzas) han tenido una relación directa, indirecta o simbólica con el texto que le acompaña, en el caso de Lecciones oscuras, se ha logrado una relación intertextual entre el uso de los grabados como complemento de las imágenes fotográfica que le sirven de soporte y la elección de una tradición representativa que no le es ajena, tanto por su conocimiento histórico y técnico del medio, como por la sensibilidad y las necesidades expresivas que a través de él conectamos.

En este sentido nos ha dicho la autora: “…los grabados los saco de libros antiguos y los escaneo, después selecciono de ellos algunas imágenes y las mezclo con otras. Por ejemplo uso la revista francesa La Ilustración que publica grabados en madera del siglo XIX como ilustraciones para sus artículos; ó el libro de Max Ernst "La femme 100 tetes" quien ya en el año 1929, se apropiaba de las imágenes anónimas de los grabados que ilustraban los libros y revistas de los siglos XVIII y XIX. De modo que si bien Ernst -pionero del collage- se limitó en su intervención a intercambiar imágenes y textos de un grabado a otro, para crear una atmósfera absurda y surreal que narraba una historia ilógica, en el caso de mi trabajo, lo que hago es volver a retomar su método, trabajar estas imágenes incorporándoles un personaje que identifica mi trabajo anterior, y que es la niña, parte yo misma, parte Alicia en el país de las maravillas (otro gran referente del surrealismo y de la ilustración en grabado) y que utilizo como símbolo de la utopía y de la inocencia de la niñez. El personaje en el contexto de los antiguos grabados, renueva los significados y nos devuelve por tercera vez estas imágenes en el tiempo. El ciclo es: grabado original anónimo-obra creada por Max Ernst a partir de la manipulación de estos grabados-obra creada por mí a partir de la manipulación de la obra de Max Ernst”1.

Pero el ciclo es mucho más abierto y permite vislumbrar todavía otras repercusiones y consecuencias. Nos devuelve –como la marea– viejas historias literarias que pululan en el inconsciente y en el imaginario colectivos; nos devuelve una resaca de imágenes, símbolos, referencias, de su obra precedente, y nos abre una brecha para convertir estas imágenes suyas que transitan desde las originarias técnicas de grabado (otrora ilustadoras de libros) hacia el universo de las contemporáneas técnicas digitales –ya no grabados, ya no fotografías– y de ahí ¿por qué no? a ese otro mundo en el que podrían confluir con el mismo nivel de equilibrio y distancia literatura, grabado, fotografía, arte digital y las contemporáneas técnicas de animación y el video digitales. De estas lecciones a oscuras suelen brotar algunas raras iluminaciones.

Notas.
1 Conversación informal con la artista vía e/mail. La Habana, marzo 10, 2005.